La Plata (BA), Argentina,

Precios Cuidados, una nueva mentira de Macri

Por Henry Stegmayer*.- A principios de Septiembre, luego de un fin de semana plagado de rumores de todo tipo y en el marco de la profunda crisis económica que afecta a nuestro país, el Presidente se dirigió al país a través de una cadena nacional anunciando la eliminación de algunos ministerios, la degradación de algunos ministros a secretarios, ningún cambio de nombres ni de rumbo y algunas pocas medidas económicas entre las que mencionó el lanzamiento de Precios Cuidados.

Hago esta mención porque de la forma en que se habló del tema y como se planteó el lanzamiento de la nueva lista del programa, parecía que se trataba de una medida nueva y que – realmente- estaba apuntada a resolver los problemas de los sectores más postergados y desfavorecidos por la situación económica.
Podríamos decir que esta es la primer mentira, ya que como se recordará este Programa fue lanzado en Febrero de 2014, y es un acuerdo firmado entre el Gobierno y los súper e hipermercados que consiste principalmente en el compromiso de mantener los precios de una lista de productos durante el lapso de tres/cuatro meses, fecha en la que se podrán revisar. Pero al adherir los empresarios se comprometen a otras cuestiones, tales como la difusión de los listados, la visibilidad de los productos en las góndolas, el mantenimiento de stock y reposición permanente, además de una clara identificación/señalización de las mercaderías que integran este programa.
Cabe recordar que antes de asumir el actual gobierno, se produjo una fuerte y especulativa suba de precios, que repercutió principalmente en la canasta alimentaria y se consolidó luego con la liberación del “cepo del dólar” que generó una importante devaluación. Esto fue motivo de gran preocupación entre los funcionarios, que necesitaban concretar alguna medida que morigerara esta situación.
Por ello, luego de muchas críticas, dudas e idas y vueltas, el Gobierno resolvió mantener un programa del kirchnerismo. Y es muy notorio que lo ha hecho por necesidad, sin convicción; apurado por la situación y empujado más que nada por el resultado de una encuesta que mostraba que Precios Cuidados tenía un 75% de aprobación por parte de la sociedad.
Así, hemos escuchado al Presidente Macri y luego a muchos de sus funcionarios, ensalzar el lanzamiento de esta nueva lista y asegurar que la misma estaría apuntada a resolver los problemas de la canasta familiar, pero luego de realizar un exhaustivo análisis solo podemos destacar que:
a)            Es positivo la incorporación de cinco marcas de Aceite (Mezcla y girasol) ya que en la anterior lista solo había una.
b)           Igual de importante es la reincorporación de harina, con cuatro variedades cuando en la anterior lista había sido eliminada. Lamentablemente el precio pautado contempla todos los últimos aumentos.
Pero, – y acá siguen las mentiras -a pesar que el Ministro de la Producción manifestó que “Ampliamos y fortalecimos el programa…Hicimos especial foco en la canasta básica de alimentos, asegurando que estén representados los principales productos a precios accesibles", lo negativo es que:
a)            Solo sigue habiendo dos cortes de carne; Espinazo y Picada Común.
b)           Sigue faltando pollo, salvo la incorporación de conservas de pechugas o milanesas congeladas cuyo valor es bastante elevado.
c)            No hay azúcar de ninguna marca ni calidad.
d)           No hay ninguna marca de Jabón en Polvo.
e)           En el rubro frutas y verduras solo sigue habiendo manzana y papa.
f)            Se difundió que el aumento promedio fue de 3,1 pero muchos
productos superaron largamente dicho número, por citar algunos ejemplos: el Dulce de Leche (14,5), la leche en Sachet (8), la carne picada (9%), Yerba Amanda (%9,6) o Galletitas de avena (%8).
Cabe destacar que en algunos casos resulta difícil realizar la comparación con los precios anteriores porque las empresas cambian los productos y el que ingresa tiene precios nuevos. Ejemplo: los aceites actuales no figuraban en la lista anterior y tienen precios superiores al 9% del que estaba.
Por otra parte, a pesar que desde la Dirección Nacional de Defensa del Consumidor se aseguró en distintas notas periodísticas que “ahora se podrá denunciar el incumplimiento en los organismos provinciales o en las Oficinas Municipales de Defensa del Consumidor”, vale decir que esto es algo que siempre se pudo hacer pero en la mayoría de dichos organismos no tomaban las denuncias, ni tampoco han actuado de oficio generando el desaliento de los consumidores.
Por último, también se ha dicho que se amplían las bocas de expendio de este programa a los comercios de proximidad como son los pequeños autoservicios de barrio, entre los que están los supermercados chinos, pero estos tendrán una lista especial de 20 o 30 productos y todavía no se ha puesto en marcha.
Desde la Asociación CONSUMIDORES RESPONSABLES seguimos realizando recorridas por los híper y supermercados para controlar el cumplimiento del acuerdo.
Lamentablemente, los primero informes no son muy alentadores, porque si bien en general el precio es el correcto, no hay cumplimiento en lo que se refiere a la difusión de los listados, la visibilidad de los productos, el stock, la reposición permanente y la identificación de las mercaderías que integran el acuerdo. Encontrándose numerosas irregularidades por parte de los empresarios que terminan haciendo lo que quieren porque nadie los controla, ni les exige el cumplimiento del acuerdo y mucho menos reciben ningún tipo de sanción por este accionar.
Alentamos a los consumidores a que denuncien y reclamen por los incumplimientos del programa, llamando al número telefónico 0800-6661518 de la Secretaria de Comercio, o concurriendo a la Oficina Municipal de información del Consumidor, en defensa de sus derechos.

En definitiva, todo nos demuestra que este nuevo lanzamiento de PRECIOS CUIDADOS ES UNA NUEVA Y GRAN MENTIRA, ya que el gobierno no tiene la convicción de que resulta necesaria la intervención del estado a favor de los más débiles; por ello más allá de la puesta en escena y los discursos altisonantes, no hay una decisión clara de exigir, ni controlar ni sancionar para que este programa funcione.

*Presidente de la Asociación Consumidores Responsables, ex diputado provincial e Integrante de Convocatoria Socialista.

Cultura y política Fragmento de Diario en la era Macrista

Por Noé Jitrik.- Una editorial que no conozco, Octubre, anuncia la publicación de un libro de León Rozitchner, Combatir para comprender. Si no entiendo mal se trata de conversaciones televisadas que aparecieron en la época dorada de la Biblioteca Nacional. Visto cómo está el ambiente y cómo su apellido está bastante presente y en esa presencia vilipendiado, no por él, la iniciativa tiene algo de provocación. Interesante contienda: indirecta y secretamente, padre contra hijo, pocas veces ocurre algo así, diría que de alcance trágico si no fuera que uno, el padre, tiene esa contextura mientras que el otro es meramente ridículo. Vana empresa la del hijo, Alejandro, de borrar al padre. La situación me da pena: fui íntimo de su padre, al hijo lo conocí desde niño. Dejo de lado sus penosas declaraciones y pienso en el callejón en el que se ha internado: parece convencido porque afirma contundentemente verdades huecas pero, como dice el tango, “cuando la farra dejás, sentís el pecho oprimido por un recuerdo querido (¿la madre?) y te ponés a llorar”. La farra, se entiende, es el macrismo, cada día más perverso, la opresión es la pérdida, grave, de lo que debía ser, su mundo. Se puede colegir que su padre era demasiado para él desde hace tiempo: el macrismo le permitió, seguramente lo cree, liberarse de esa carga y ponerse bajo el ala de otro padre, mucho peor si es que el otro era malo. Pero no lo era: sólo era sobreprotector.
Suni, la simpática y decidida vendedora de pollos del antiguo mercado municipal de la calle Córdoba entre Callao y Rodríguez Peña –antes se entraba también por Viamonte y funcionaban al menos tres o cuatro puestos por especialidad, hoy reducido a menos de un cuarto y apenas con seis o siete puestos- parece resistir con gallardía la declinación de esto que fue el corazón de San Nicolás; no acepta mis propuestas de invocación a los desafueros del macrismo, es de la gente que hace su trabajo, y por cierto que lo hace muy bien y, en cambio, cree, o creyó en agosto de 2017, que el munícipe, o sea Rodríguez Larreta, tenía cierto interés en volver a darle cierta vida a un predio muy valioso, pero que no se puede enajenar y, hasta hace pocas semanas, casi tres cuartos, totalmente abandonado. Si lo que queda del mercado se sostiene es porque algunos puesteros, atentos y cumplidores, siguen siendo fieles a una bella tradición, apoyada por fieles clientes indiferentes a promesas de modernización. Ahora, un año después, empieza a cumplir: hay obras y los puesteros sobrevivientes están contentos, la perspectiva es buena aunque no debe gustarle mucho al Supercoto que está en la otra cuadra, ni esté muy clara la filosofía de esta recuperación, bien puede teñirse de esa peculiar y forzada “modernización” que caracteriza la gestión en la ciudad. Es un cambio, positivo sin duda pero extraño: no puede dejar de pensarse que la próxima contienda electoral está detrás de ese apuro, después de más de dos años de inmovilidad un logro puede exhibirse. Que contrasta con la evidente voluntad de ejecutar grandes reformas, sobre todo estructurales, en suma esa modernización que generó las bicisendas, el encierro de las plazas, la doble circulación en las grandes avenidas, el cambio de orientación del tránsito en varias calles, el control de las patentes, la restricción de estacionar, las podas en el centro en pleno día, las balas de cañón diseminadas en varias calles, el aumento del ABL, el ataque a la salud pública, la voluntad de liquidar la educación pública. Una entre cien: será un feliz regreso al barrio o bien un nuevo centro de compras. Sigo con atención estos sensibles acontecimientos.
Mi hijo Oliverio se manifiesta sorprendido por el hecho de que nadie de los que rodean al azorado presidente de la consternada República reaccione frente a discursos que le parecen vacíos, más que los que imaginó Stanislaw Lem en Vacío perfecto, una brillante elaboración de huecos de lenguaje. Estoy empezando a creer que tal reacción no se produce no por una identificación con un punto de vista, una doctrina o, exagerando un poco, un pensamiento (sería calumnioso atribuir eso al Presidente) sino por una coincidencia o, más bien, porque los que deberían reaccionar –porque parecían seres normales- estaban esperando que ese vacío se implantara; lo tendrían dentro, reprimido, al acecho. Me pregunto cómo sucede algo así puesto que, en principio, lo humano rechaza el vacío así como rechaza la muerte. No es una decisión sino un complejo proceso relacionado con la forma que llegan a tener los sujetos o las  subjetividades. El entorno, o la sociedad o la realidad o como se llame, determina, según algunas teorías que limitan los alcances teóricos del psicoanálisis, al sujeto al que considera página en blanco. Sobre ella va imprimiendo sus variables: puede ser que muchas de ellas generen capacidades o valores pero otras sus peores rasgos que operan, y quizás con más eficacia, en la conformación de tales subjetividades hasta reducir toda posibilidad de distanciamiento. Dicho de otro modo, personas configuradas como vacío se reconocen en quienes llevan eso a la práctica y al poder. ¿Se les puede pedir que reaccionen?
No hace muchos meses fuimos con Tununa y Oliverio a celebrar el cumpleaños de un querido amigo, Enrique Roca. La fiesta tuvo lugar en un bellísimo patio, casi una plazoleta, que bordea un conjunto de edificios de departamentos lindantes con Agronomía. Al llegar y mirar mi memoria me jugó una mala pasada: me volvieron imágenes de un pasado lejano, cuando yo llegaba a esos lugares casi cada tarde, a veces esperanzado, a veces conturbado y triste, en busca de un refugio o de la calidez de un amor juvenil. Tardé en los primeros momentos de la fiesta, interrumpido mi curso mental por la conversación, en dar forma a esas imágenes y transmitir, para mí mismo, lo que sentía. La conversación era fluida, en la mesa había uno o dos médicos además de Tununa y Oliverio, al rato llegó Pablo Ansoholabere y su mujer y todo transcurría en acorde con la limpidez del cielo y la noche estrellada. De pronto pasó junto a nosotros otro invitado que saludó al pasar, genéricamente, hasta instalarse en otra mesa; me pareció conocido, me esforcé por recordar pero como no lo logré comuniqué mi inquietud, “ese tipo me recuerda a alguien”, dije y mi hijo me informó: “es Prat-Gay”. No sé los demás pero sentí una molestia, no me importaba que estuviera ahí, cerca, sino si debía reaccionar de alguna manera, no podía por respeto a mis amigos hacerlo pero también podía ser una oportunidad de ponerlo en un aprieto. No lo hice, no hice nada y al irnos pasé a su lado, no extendí la mano y creí que él se desconcertaba pero no me importó. Lo que me importó fue lo que siguió, o sea una larga cavilación acerca de cómo poner a esos actores de la catástrofe en situación, cómo hacerles saber que el autor de la frase “grasa militante”, que estuviera comiendo lo mismo que nosotros, casi junto a nosotros, podía pagar algún precio por lo que había (nos) hecho.

No hay mala praxis. Es un proyecto político-económico que lleva a la catástrofe

Por Alejandro Mosquera.- Ya nadie (o casi nadie) discute la catástrofe económica y social que provocó la política de Cambiemos. El país sufre una vez las consecuencias de una política basada en los dogmas del ajuste, la reducción del gasto, la recesión planificada y la apertura indiscriminada de importaciones como freno de la inflación, la inflación como licuación de salarios reales, que junto con la devaluación permitida o auspiciada significan una transferencia de recursos extraordinarios de los sectores del trabajo y la producción a los especuladores.No hay mala praxis. Es un proyecto político-económico que lleva a la catástrofe.
Recordar esto es para no caer en ingenuidades o en los argumentos que confunden o que buscan hacernos creer que, con cambios de gestores, ministros y algunas medidas para destrabar la imposibilidad política y social de un ajuste tan desigual significan cambiar el rumbo.
El gobierno ve diluirse su poder político por tres razones: la primera es que el plan y el acuerdo con el FMI es desarmar los instrumentos que tiene el Estado para intervenir en la política económica, el ejemplo mas evidente es que en Olivos se esta diseñando las medidas económicas que se anunciaran en la semana pero que deben ser autorizadas por el Fondo y hacia allí viaja el ministro Dujovne que muchos ven con un pie afuera del gobierno.
La segunda razón hay que buscarla en que el bloque de poder que dio sustento al triunfo y gestión de  Mauricio Macri se dividió. Las contradicciones son mayúsculas por intereses, y por el reparto de esas transferencias de recursos que hablamos en párrafos mas arriba.
Y la tercera razón es en el crecimiento de la oposición y resistencia de nuestro pueblo que desbarataron los sueños de algunos dirigentes o gobernadores del PJ colaboracionista que entrevieron la posibilidad de incorporarse al ejecutivo en momentos de auge de Cambiemos.
¿Vacío de poder? Estas razones se encuentran en lo que aparecen como “errores”. El presidente habla 1 minuto 40 en medio de una crisis que ellos provocaron. Solo dice que tiene un acuerdo con el FMI que no tiene, y que él va a conseguir profundizar el ajuste para poder pagar la mega deuda externa que ellos generaron. ¿a quien le hablo? Responden al mercado. ¿Que es el mercado?, ¿cuantos jugadores reales y grandes hay que se están llenando los bolsillos con las devaluaciones sucesivas? No son tantos, Argentina no es Wall Street ni Londres.
En medio de las movilizaciones mas importantes de los universitarios, recibe a los rectores de las Universidades Nacionales sometidas al ajuste, a presupuestos devaluados y que paralizan la actividad, quizás la reunión mas importante pensando en el futuro del país, y solo está 20 minutos para sacarse una foto y decir que esto es lo que hay, es decir que hay que ajustarse.
Ahora todos los piden que vuelvan las retenciones, los del oficialismo, sus gobernadores, los medios de comunicación aliados, la cuasi oposición, los colaboracionistas, la oposición política. Y un mes después de haberles prometido a sus socios del consorcio sojero y agropecuario que no lo haría se dispone a encontrar una variante para aplicarlas. Eso si mientras despide estatales, alarga las paritarias de los docentes, reprime a los que protestan.
El poder real le pide cambios de gabinete, le gritan en la cara que lo eche a Marcos Peña, repetido casi hasta el hartazgo en todas las notas de Clarín. Y le aclaran por lo bajo que es para salvarlo a él y al proyecto. Macri desconfía sabe que las criticas a Peña Braun son en realidad a él y son parte de esa dilución del poder que hemos hablado desde hace meses en esta columna. Si saco a Marcos todas las criticas me van a pegar a mi, razona el presidente, y en realidad piensa que vendrán por él.
Le recomiendan que la solución es Rodríguez Larreta en la Jefatura de Gobierno, y el jefe de la ciudad no sabe como escapar, sabe que subir al timonel de un barco que se esta hundiendo terminará con su carrera política a futuro. Prefiere que aún en el peor de los casos les quede la retaguardia de la Ciudad.
María Eugenia Vidal intenta diferenciarse de Macri y las consecuencias de las políticas lideradas por ejecutivo nacional. Pero íntimamente sabe que ya no puede, el desprestigio creciente de Macri la arrastra, y si se diferencia demasiado puede provocar la caída del presidente, y eso la arrastraría también.
El poder real, el FMI, los acreedores exigen que se recupere poder político. Le llaman consenso. Ante la cerrazón del gobierno se conversa o rumorea el plan b. Un gobierno de unidad nacional (con Macri o sin Macri) donde solo quede afuera el Kirchnerismo y la izquierda. Sueñan, planean que con el mega ajuste de Macri en algún momento la economía va a empezar a rebotar y esta solución “política” va a garantizar la estabilidad y el rumbo central del proyecto actual. Dicen que con tal que no vuelva el populismo de izquierda el poder real los va a bancar.
Sin embargo, los candidatos en potencia, sobre todos aquellos con edad para tener tiempo, dudan, porque si fracasan, y la economía sigue en baja, y tienen que profundizar aún mas el ajuste, ello los puede llevar por una pendiente de descredito social muy importante. El mensaje que le dan al poder real es que esa variante si saliera mal es darle todo el poder a CFK.
Esto sucede en las alturas, en las elites. En el pueblo la grieta se desdibuja mazazo tras mazazo del tremendo ajustazo. Crece la resistencia y la movilización popular. Hace falta organizar el futuro. Proponer un camino alternativo. Mientras el plan de emergencia del poder apunta a garantizar la agenda del capital financiero y la continuidad de la fuga de capitales, debe construirse un plan de emergencia de los intereses del pueblo para defender la producción nacional, el trabajo y frenar los despidos, aliviar a los inquilinos, retrotraer los tarifazos, garantizar el presupuesto educativo, garantizar la alimentación para todas y todos.
Con inteligencia, paciencia, creando puentes y organización popular, con el Frente mas amplio que podamos, pero sin perder el rumbo de transformación, sin aceptar las provocaciones, y a la vez que ninguna medida pase sin lucha, prepararnos para derrotar democraticamente a los neoliberales y construir un nuevo gobierno popular que impulse una nueva oleada de nuestro pueblo en pos de viejos derechos destrozados en estos 3 años y nuevos derechos. Una nueva democracia que nacerá sin permiso.

¡Quiénes son!


Por Marta Dillon*.- ¿Quién compra los dólares? ¿Dónde viven los mercados? ¿En qué habitaciones esperan que comience la hora de las negociaciones? ¿Sienten adrenalina mientras la timba de las pizarras electrónicas va marcando qué enorme porcentaje de nuestro salario vamos a invertir en breve para comprar un kilo de pan? ¿Dónde escuchan los mercados los mensajes que se suponían iban a tranquilizarlos?¿los mercados son empresarios? ¿qué producen sus empresas? ¿La confianza de los mercados es tan misteriosa o más que un dogma de fe? ¿Pueden los mercados soñar con ovejas?  ¿Las ovejas con las que sueñan pastan en el Banco Central o comemos el pasto en el que los mercados convierten nuestros ingresos? ¿Somos los corderos de los mercados? Pocos, pocas, prácticamente nadie conoce sus caras, sus nombres, sus locaciones; están desencarnados y sin embargo su autoridad no se discute. Los mercados mandan, hay que calmarlos y alimentarlos, hay que hacerles promesas como a los novios en el amor romántico, hay que darles confianza –justo, confianza– para que no se sientan amenazados y te coman la mano.

No tienen fidelidades a largo plazo y calcando la forma circular que tiene la violencia machista para someter, pegan, consuelan de su propio daño, exigen recompensa por ese consuelo y si no, vuelven a pegar; más fuerte que antes. Los mercados y su sacrosanta autoridad, su mirada puede modelar lo deseable o convertir en desperdicio la misma materia que no se termina de saber tampoco exactamente cuál seria ¿las tasas de interés? ¿el sistema impositivo? ¿los salarios de hambre, ideal explotación capitalista pura y dura?

El vulgo, nosotros y nosotras, no terminamos de entender qué, quiénes son los mercados; qué, cómo o cuánto quieren de qué cosa. Sabemos de su voracidad. Y sentimos. Sentimos el miedo de la tierra haciéndose arena bajo los pies cuando empiezan a operar su hechicería mientras la política balbucea. No los entendemos pero algo de su lógica se difumina capilarmente bajo la piel del pueblo bancarizado y en esa conexión cuasi telepática entre mercados, pizarras, billetes y gente, la gente es la que corre, física, concretamente, a los bancos para agarrarse a su dinero temblando de pánico. Porque aunque ellos sean opacos, aunque su inteligibilidad sea un tesoro que por desmaterializado –porque insisto ¿de dónde sale su dinero? ¿cómo lo mueven? ¿en qué mostrador lo ponen para llevar el dólar de un precio hasta la cima de otro, inalcanzable?– nunca es del todo asible; jamás se les niega obediencia. O tal vez es por eso obedecemos porque el terror que producen habita en esa zona helada de lo desconocido, la muerte después de la muerte.

Los mercados se sublevan y pierden la confianza, sus códigos ocultos son la suma de todos los miedos: la pobreza que se roba la comida de nuestra mesa, la pérdida de ingreso, la desocupación, los precios cambiando por día, los agujeros que no se pueden reparar en los zapatos de lxs niñes, las escuelas congeladas en invierno, hospitales donde la enfermedad y no la cura acechan. Ninguna de las metáforas que se usan para hablar de los mercados, sus activos y sus pasivos, sus fugas, pérdidas, liquideces, ajustes, hablan de estos terrores que padecemos quienes lo vemos por tevé. La imaginación se agota y no es sólo el rey si no la vida cotidiana la que también queda desnuda en su insipidez sumisa al sistema de sacrificio y postergación del deseo ¿de qué fiesta se habla cuando nos pasan la factura? Detrás de que muro sucedió.

La fiesta, en todo caso, está en la calle, aunque como siempre sea bajo la lluvia. Y tiene su propia semántica. Y límites para la paciencia.

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Dos países

Por Luis Bruschtein.-El impacto dramático de la crisis y los empresarios que denuncian a la corrupción K, parecen disputar el interés de los argentinos. Los empresarios corruptos entusiasman a los zocaleros de la tele y a los tituleros de los medios oficialistas. Pero la sensación es que esa construcción, esas tapas que inundan los kioscos y los programas gritones, se han despegado de la preocupación general más extendida y más profunda. 
Para muchos ya no se trata de preocupación sino de desesperación, porque la quiebra de empresas, el cierre de fuentes de trabajo y la disparada de la carestía de la vida ya conforman un drama nacional. Y es difícil que las tapas y los zócalos puedan competir con la desesperación.
Hay un disloque entre la profusa información que ha caracterizado a las operaciones mediáticas anti K, y la preocupación instalada en la sociedad. En otros momentos, esas operaciones conseguían crear un clima que ocupaba todo, la charla de los taxistas, las discusiones de sobremesa o los comentarios en el trabajo. La bomba psíquica de indignación denuncista y griterío mediático que induce al odio linchador está en su máxima expresión. 
Y lo que en otro momento podría haber sido una sociedad enardecida, ahora le presta poca atención. Está absorta en las facturas de los servicios y el precio de los alimentos. “Absorta” es el punto previo a la rabia, primero rabia individual y después la reacción colectiva, el hecho social y su consecuencia política.
Esta ofensiva mediático judicial funcionó como la herramienta que el gobierno guardaba para contrarrestar su momento más crítico.  Habría que ser muy ingenuo para pensar que la aparición de fotocopias de supuestos cuadernos coincidió por puro azar con el punto de inflexión más grave de la crisis. Habría que ser más ingenuo  para pensar que toda la movida en la justicia no estaba hablada previamente con los empresarios que fueron a declarar y con las altas esferas del Poder Judicial. 
Toda la aparatosa movida no se implementa de la noche a la mañana. Implica largas negociaciones donde cada uno trata de preservar su interés y deslindar concesiones y ganancias, donde se dibujan y recortan los alcances y los imputados y se subrayan los perdones y sus mecanismos. Por eso resulta más sospechoso aún que intenten presentarla como algo repentino y casual.
Igual que la famosa entrevista de Lanata a Lanatta, seis días antes de las elecciones primarias en el 2015, organizada para que el sicario condenado por el asesinato a sangre fría de tres personas, mandara abajo del tren al precandidato a gobernador bonaerense por el Frente para la Victoria, Aníbal Fernández. Cambiemos ha demostrado que estas operaciones constituyen su arma más contundente y a esta altura, después de una gestión desastrosa, también la única.
Y también ha demostrado que el poder de las corporaciones en los países emergentes supera al del Estado, al que todas las legislaciones, copiadas de las que tienen los países centrales, toman como el peligro principal de derechos y garantías. Y doblega a la justicia. Haber podido negociar con un criminal de alta peligrosidad como Martín Lanatta y haber arreglado la realización de la entrevista dentro del penal, un acto de campaña electoral abierto, implica un poder que sobrepasó, incluso al que devenía del manejo del Estado que en ese momento tenía el kirchnerismo. La negociación con el periodista resulta más fácil porque trabaja para esas mismas corporaciones.
Si algo faltaba para que esa escala jerárquica quedara en evidencia, la destitución del juez Luis Arias por haber frenado el aumento de las tarifas aparece como un ejemplo muy claro. No era un juzgado importante, pero su destitución por la Magistratura bonaerense se proyecta como una fuerte advertencia para cualquier miembro del Poder Judicial que obstruya  decisiones que favorezcan a las corporaciones. Pasó exactamente lo opuesto con los jueces que durante el gobierno anterior obstaculizaron durante cuatro años la ley de medios que había sido aprobada por el Congreso. Ninguno de esos jueces que favoreció a las corporaciones fue destituido.
El viaje a Carmelo de Boudou, la morsa de Aníbal Fernández, la causa amañada de Nisman, las cuentas de Máximo Kirchner y Nilda Garré, el sobresueldo de Kicillof, el ataúd vacío de Néstor Kirchner, las falsas bóvedas de la casa de los Kirchner, el perito trucho de la causa del gas contra De Vido, los bolsos de la falsa secretaria de Néstor Kirchner y muchas más historias como esas, que resultan mentiras sin pruebas hacen dudar de la operación que se ha montado con los cuadernos. Estas y otras historias han sido parte de una estrategia para crear un clima crispado contra el gobierno anterior.
Con esta causa de cuadernos quemados y desfile de empresarios en el comienzo de un año electoral, el macrismo demostró que su única estrategia política continúa siendo la polarización con Cristina Kirchner. Cuando la ex presidenta se calla, el gobierno se queda sin política. La gestión ha sido tan mala que ya no tiene espacio para especular con la creación de falsas expectativas sobre la base de consignas milagrosas, que fueron su otro recurso electoral. No puede prometer porque perdió credibilidad, el único discurso que le queda es atacar a Cristina Kirchner.
De alguna manera esa situación ratifica la decisión de la ex mandataria de replegarse. Todo lo que dijera cuando Cambiemos estaba en la cresta de la ola hubiera funcionado en su contra aunque tuviera la razón. El problema para Cambiemos es que la crisis está produciendo un punto de inflexión que ya empieza a provocar el fenómeno inverso: todo lo que se diga contra Cristina Kirchner empieza a funcionar a su favor, aunque sea cierto. Las encuestas empiezan a medir este fenómeno. Al principio del gobierno de Macri, la imagen de Cristina cayó hasta su mínimo, y la de Macri llegó a su máximo. Ahora es al revés: la imagen de Cristina sube a pesar de toda la campaña en su contra y las de Macri y María Eugenia Vidal bajan cada vez más.
Mauricio Macri parece encerrado en un microclima sin percibir el país real. No puede concebir que la crisis que provocaron sus decisiones es muy profunda y que hay mucha gente que está muy mal. Si la tercera parte del país estaba en la pobreza en el 2015, como decía el Observatorio de la UCA, ahora no puede estar nada más en el 35 por ciento como lo ha señalado el mismo Observatorio, después de dos superdevaluaciones y en el medio de una hiperinflación con tarifazos. Se supone que una familia debe percibir más de 20 mil pesos por mes para no ser pobre y el promedio salarial está por debajo de esa marca.
  Si Macri no percibe esa realidad, no puede percibir tampoco las consecuencias políticas que están cantando las encuestas. Cristina Kirchner se mostró en un acto sindical con Hugo Moyano, Ricardo Pignanelli y dirigentes de otros gremios. Esa foto fue un mensaje a la interna peronista. El sábado pasado, en la asamblea de Unidad Ciudadana que se hizo en Ensenada y en la que el orador central fue Máximo Kirchner, estaban los intendentes peronistas del conurbano. El grueso del peronismo estuvo representado en esos actos. El mensaje dice: no hay unidad del peronismo sin el kirchnerismo.
  El proceso de reorganización de la oposición ya emitió esas señales como las del sendero principal que podría desembocar en una interna con la participación de varios sectores. Pero la segregación del kirchnerismo, como plantearon el senador Miguel Angel Pichetto o el gobernador Juan Manuel Urtubey, la sostienen expresiones muy minoritarias y con escaso caudal de votos.
  Entre los senadores peronistas existe acuerdo de no conceder el desafuero de ningún senador si no hay condena en firme, como señala la norma correspondiente. Antes de pedir la autorización para allanar el domicilio de la ex presidenta, en connivencia con los medios oficialistas, el juez hizo dos allanamientos truchos en departamentos vacíos del mismo edificio. La intención de crear hechos mediáticos para mantener el clima de ofensiva antikirchnerista quedó expuesta en esos allanamientos. La negativa de la mayoría de los senadores peronistas para dar quórum a la sesión donde el oficialismo quería debatir el pedido de allanamiento se sostuvo justamente en  que lo único que busca el oficialismo es ruido mediático.
  Pero la mayoría de los argentinos ya no está pendiente de estos vericuetos de la política. La sociedad entró en la deriva desesperada de las situaciones de crisis donde lo que prima es la supervivencia. No hace falta recurrir a las encuestas para saber que la preocupación principal son las boletas de luz y gas, los precios del súper, la estabilidad laboral, el ajuste salarial y llegar a fin de mes. Todo lo demás, con cuadernos incluidos, transcurre por dos andariveles: uno mediático ruidoso pero con poca penetración. Y otro andarivel, institucional, el de la justicia, que en vez de ganar credibilidad, la va perdiendo.

Naufragio de la economía macrista


Por Alfredo Zaiat. Al pecado original de desregulación y liberación del mercado junto a medidas que rompieron todos los diques defensivos para amortiguar cualquier shock externo o interno negativo, se le ha sumado un nivel de inoperancia impresionante del Gobierno. La posibilidad de un default, incluso con un acuerdo vigente con el FMI, ya no es considerada descabellada en la city.
No es por la crisis turca ni por la guerra comercial lanzada por Donald Trump. No es por el escándalo de las fotocopias de los cuadernos Gloria ni por el crecimiento de CFK en las encuestas. Ni tampoco es por la Bomba Lebac ni por la Bomba Letes, ambos explosivos diseñados en estos dos años y medio de economía macrista. Ni por el impacto negativo de la sequía que restó millones de dólares a la plaza financiera en este año. Y mucho menos por el nivel del gasto público y del déficit fiscal que tanto obsesiona a la ortodoxia y al establishment. La debacle a la que está siendo conducida la economía tiene su origen en la desregulación absoluta del mercado cambiario, la apertura irrestricta de la cuenta de Capital de la Balanza de Pagos (entrada y salida de capitales especulativos sin ninguna restricción), la desarticulación de la administración del comercio exterior facilitando el ingreso de importaciones y la eliminación/disminución de retenciones al complejo agroexportador que debilitó las cuentas públicas. Así fueron demolidos todos los diques defensivos de una economía periférica para amortiguar cualquier shock externo o interno negativo. La consecuencia es una crisis monumental del sector externo, que históricamente se abordaba con una fuerte devaluación, pero ya no es suficiente porque el desequilibrio es tan pronunciado, el grado de dolarización tan agudo, el endeudamiento externo tan vertiginoso y la velocidad de traslado a precios es tan rápida, que ha derivado en que esta nueva experiencia neoliberal junto al FMI tuviera un naufragio fulminante.

El aspecto más notable es que esas cuatro medidas son las que elogian la ortodoxia, la heterodoxia conservadora y el establishment (empresario y mediático). No tienen motivo para estar extrañados de la caída de la economía macrista. Quienes se erigen en portadores del saber económico, con diferentes tribus (desde Martínez de Hoz hasta Cavallo, y ahora con el experimento Cambiemos) que tuvieron la oportunidad de mostrar su fracaso en la gestión económica, deberían ser más prudentes cuando evalúan los períodos donde predominaron políticas heterodoxas. Ninguna terminó en hiperinflación, corralito, híper recesión y default, destino en alguna o en una combinación o en todas juntas de esas opciones que algunos prevén para la economía macrista.

Lo más absurdo es que el gobierno sigue exculpándose con la muletilla de la herencia recibida, y más ridículos quedan quienes lo repiten. La debacle cambiaria, con casi la duplicación de la paridad en apenas nueve meses, está haciendo crujir la cadena de pagos en la economía, y no sólo la del sector privado, sino que también la del sector público. La posibilidad de un default, incluso con un acuerdo vigente con el FMI, ya no es considerada descabellada en la city, y el colapso de las paridades de los bonos es el reflejo de ese riesgo.    

El naufragio de la economía macrista es responsabilidad absoluta de la Alianza Cambiemos bajo el liderazgo de Mauricio Macri, que a la debilidad conceptual de entender, en términos económicos e históricos, el funcionamiento de la economía argentina con las particularidades de cada uno de los sus principales sujetos sociales y políticos, se le ha sumado un nivel de inoperancia impresionante.

Se sabe que el gobierno de Macri está estructurado como un plan de negocios, privilegiando las actividades donde el Presidente, su familia, amigos y allegados cercanos tienen intereses (campo, energía, construcción y finanzas). Pero todo plan de negocio requiere de una gestión de gobierno que le permita dar viabilidad y continuidad. No lo ha conseguido el mejor equipo de los últimos 50 años. Era imposible de pensar que el manejo diario de la economía podía ser tan calamitoso. Primero, sin ministro de Economía y con un presidente del Banco Central, Federico “Yo no me quiero ir” Sturzenegger, navegando en su planeta paralelo de las metas de inflación; y ahora sí con un ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, que se ha convertido en delegado principal del FMI en el país para ejecutar el plan de ajuste, y un presidente del Banco Central, Luis Caputo, que no entiende nada de diseño de una política monetaria y financiera consistente y su única cualidad es la de ser mesadinerista. Fueron tantas las medidas descoordinadas, confusas, improvisadas y de marcha y contramarchas en estos más de dos años y medio de gestión económica que, además del pecado original de desregulación y liberación del mercado cambiario, lo asombroso es que todavía haya alguien que se sorprenda del derrumbe de la economía macrista.

La distopía del Gobierno de Macri

Por Andrea Conde*.  Propusieron que las Fuerzas Armadas participen en tareas de seguridad interior. Están viendo venir el conflicto porque no ignoran que lo están provocando, y necesitan disciplinar fuerte para que nos olvidemos de dónde venimos y no osemos resistir.

El jueves después de la marcha en repudio a participación de las Fuerzas Armadas en seguridad interna del país, no podía dejar de pensar en este avasallamiento constante a nuestros derechos, a las tendencias fascistas de este Gobierno, y en la precariedad que estamos viviendo cada unx de nosotrxs en nuestras vidas bajo estas condiciones. Pensaba en la necesidad que tenemos hoy de defender cada ladrillo de la democracia que supimos construir con tanto trabajo y tanto dolor.
El Gobierno de Mauricio Macri parece una distopía constante. Como una puesta en escena de capítulos enteros sacados de “1984”, mundo en el que George Orwell anticipa lúcidamente el devenir del capitalismo financiero, la posverdad y los sistemas de control. Con tanques que recorren las calles, linchamientos populares por entender como “enemigo” a la alteridad y un sistema de control sobre la lengua como disciplina, que no será como nuestro Ministerio de Modernización junto a su ejército de trolls, pero sí era un contundente “Ministerio de la verdad” en ese universo.
Nuestro gran hermano amarillo, en 2018, es un poco más elegante aún y joven. Bueno, quizás no haya sido tan elegante declarar como aportante al partido a personas que están por debajo de la línea de pobreza, pero en lo que respecta a la reescritura del pasado, es un gran estratega: no es casualidad que la primera medida de Macri como presidente haya sido destruir la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, una piedra en el zapato de los grandes medios concentrados que pagan el favor con un blindaje mediático poca veces visto. Así, todavía pueden darse el lujo de servirse de la excusa de la pesada herencia para continuar aplicando un modelo de hambre y ajuste que perjudica a las mayorías. O de metáforas climáticas, desde aquella lluvia de inversiones que nunca llegó, hasta la tormenta que hoy nos atraviesa y de la que no parecen asumir ninguna responsabilidad como capitanes del barco.
Pero hay algo más oscuro y más siniestro que se va gestando a medida que el blindaje empieza a resquebrajarse a golpes de realidad: el lado oscuro del proyecto político de los poderosos, regido por una mirada que considera una otredad absoluta a los sectores más vulnerables. La militarización del espacio público. Desde la figura del “milico” Aguad, que pide “quitarnos la mochila de los ‘70", el proyecto de los poderosos necesita borrar de un plumazo la enorme construcción de la sociedad argentina alrededor de los derechos humanos. Necesitan militarizar las calles para borrarnos de ellas junto al trazo de resistencia y pretenden que creamos que “las cuestiones de vigilancia” no serán para nosotrxs, lxs ciudadanxs de a pie.
En la Ciudad, hace pocas semanas Rodríguez Larreta presentó, con la excusa de incorporar perspectiva de género al Código Contravencional, cambios profundamente punitivistas que no sólo no contienen perspectiva de género alguna (agravar las multas por acoso callejero dista mucho de ser una solución al problema que vivimos las mujeres a diario en la calle), sino que esconden medidas persecutorias y punitivas, que amplían por ejemplo, la discrecionalidad de la Policía para realizar arrestos y detenciones.
"Cuando las botas se adueñan de las calles, las violencias se recrudecen sobre los cuerpos que están asociados a ciudadanxs de segunda: las mujeres, las lesbianas, los putos, las travas, las trans, lxs más pobres, lxs más vulnerables"
Esta semana, a nivel nacional, fueron todavía más allá: en sintonía con la caída de su imagen pública y de los números de la economía, propusieron que las Fuerzas Armadas participen en tareas de seguridad interior. Están viendo venir el conflicto porque no ignoran que lo están provocando, y necesitan disciplinar fuerte para que nos olvidemos de dónde venimos y no osemos resistir. Y para ello, necesitan una democracia debilitada, rota y por eso apuntan sus decretos al corazón de nuestros pactos constitutivos.
Al degradarse este pacto fundamental, el democrático, pauperizamos nuestras vidas. Precarizamos nuestras existencias no sólo en relación a una realidad político-económica sino a la calidad de nuestras libertades. No es necesario repasar cada uno de los horrores y atropellos que hemos vivido quienes vivimos la dictadura y el posterior desenlace no sólo social sino político y económico. Y cuando las botas se adueñan de las calles, sabemos que las violencias se recrudecen sobre los cuerpos que están asociados a ciudadanxs de segunda: las mujeres, las lesbianas, los putos, las travas, las trans, lxs más pobres, lxs más vulnerables.
Por eso más que nunca, cuando nos quieren obligar a olvidar y a callarnos, a fuerza de miedo, el ejercicio pleno de nuestra memoria colectiva es fundamental para poder salir a la calle a decir que no queremos militares patrullando nuestras calles y volviendo sus armas contra el pueblo nunca más.
Detrás de los pañuelos blancos que hoy también llevan debajo los verdes, aparecen la claridad, la verdad, la memoria y la justicia, nuestro único y más grande bastión de sensatez. Nuestro faro para transitar sin desviarnos por el camino de la igualdad, la democracia, los derechos humanos y la justicia social.

*Andrea Conde es legisladora porteña (Unidad Ciudadana – Nuevo Encuentro) y Presidenta de la Comisión de Mujer, Infancia, Adolescencia y Juventud.

Guzmán: “En los mercados financieros internacionales ya no se cree que Argentina transitará un sendero virtuoso bajo el esquema original de Macri”

Por Tomás AguerreMartín Guzmán es economista, investigador de la Universidad de Columbia y especialista en problemas de deuda pública y desarrollo económico. Entrevistado por Política Argentina, a propósito de la crisis económica que afronta el gobierno de Mauricio Macri, sostiene que el gobierno empezó una nueva etapa a partir del acuerdo con el FMI. Hace un repaso por algunas de las decisiones de política económica que desembocaron en la situación actual, como las metas de inflación: “hasta donde sé, no hay casos en los que se haya establecido un esquema de metas de inflación usando a la tasa de interés como instrumento en condiciones como las que prevalecían en Argentina en marzo de 2016”.

Guzman, quien entre otras actividades participa del grupo de investigación Macroeconomic Efficiency and Stability dirigido por Joseph Stiglitz, sostiene que el gobierno debe abordar dos temas sobre los que no ha expresado un rumbo claro: un modelo de desarrollo y una política macroeconómica acorde a él.

¿Cuál te parece que fue el modelo de desarrollo que eligió Argentina con Macri?

Ya se pueden definir dos etapas durante el gobierno de Macri en cuanto a la definición de un modelo económico. La primera es la que comenzó apenas asumió la presidencia. Fue la etapa de la sobre-confianza en los mercados para satisfacer las necesidades del desarrollo. Se asumió que como consecuencia de reformas pro-mercado y un cambio de rumbo en la política macroeconómica se estaban generando condiciones suficientes para establecerse en un sendero de crecimiento sostenido liderado por la inversión externa. Se confió también en la capacidad del nuevo esquema monetario de metas de inflación para reducir la inflación sin generar desequilibrios externos. En esa visión, la mayor apertura también contribuiría al crecimiento de la productividad del sector transable, y la destrucción de empleo que aquella conllevase se vería compensada por creación de puestos de trabajo en el sector servicios. Ese modelo fracasó.

¿Y luego de la crisis cambiaria?

La crisis cambiaria de abril y mayo de este año desnudó esa realidad. En los mercados financieros internacionales ya no se cree que Argentina transitará un sendero virtuoso y consistente bajo el esquema original de Macri, lo que precipitó una huida de capitales que resultó en la crisis cambiaria. Se llega a un acuerdo con el FMI, y el reconocimiento de que la estrategia implementada a principios de la actual administración no funcionó se ve en los cambios recientes en algunos ministerios y en el BCRA. En esta segunda etapa ya es obvio que hay un tema macroeconómico central que es el problema del déficit externo. Pienso que esto es obvio para el gobierno también, aunque no lo comuniquen con tanta fuerza y pongan el énfasis de la política macroeconómica en la cuestión fiscal más que en la externa. La aritmética es sencilla: o se logran aumentar las exportaciones, o de otro modo la única forma de que el país pueda vivir dentro de sus medios será la de reducir las importaciones, lo que se daría con una contracción de la actividad y de los ingresos.

¿Y esta nueva etapa en qué consiste?

Lo que se tiene en esta segunda etapa es un híbrido, que es incongruente con lo que planteaba el gobierno como su identidad económica, pero que es entendible que ocurra en un contexto de confusión luego del reconocimiento del fracaso de la anterior estrategia. O sea que en cuanto a la economía lo que ocurre ahora es que esta administración ya no tiene identidad. La identidad hay que buscarla por otro lado.

¿Qué es lo que a tu entender está equivocado en el enfoque de política económica del gobierno de Macri?

Hay dos grandes temas interrelacionados en donde no veo un rumbo bien definido. El primero es la falta de una visión de modelo de desarrollo adecuado a las necesidades del país. Cuando pensamos en el desarrollo económico, necesitamos definir los objetivos a los que se quiere apuntar. Creo que en la sociedad argentina hay cierto consenso en que un modelo de desarrollo debe perseguir tres objetivos: primero, generar posibilidades de trabajo para todos los sectores de la población; segundo, hacer que el país sea cada vez más productivo; y tercero, que sea consistente, o sea, que el país no caiga en crisis que impiden darle continuidad al proceso de desarrollo. La clave está en alcanzar una estructura productiva que sea apta para satisfacer esos tres objetivos. Mientras va buscando transformar realidades, esa estrategia tiene que estar adaptada a las realidades en las que se implementa, como la estructura demográfica y educativa del país. Y enfrenta las restricciones que impone el mundo con el que se interactúa. De allí que cada política que se haga debe estar evaluando que te da y que te quita en términos de creación de trabajo, productividad, y de generación de divisas. Un gobierno que tenga una estrategia de desarrollo económico bien definida debería ser capaz de poder explicarle a la sociedad por qué cada política tiene sentido en función de esos tres objetivos. Yo no veo que esto esté pasando en la Argentina de hoy. Por el contrario, lo que uno ve es, primero, una falta de definición de hacia dónde se quiere ir a nivel país. Y segundo, algunos objetivos definidos al nivel de los ministerios, que en ocasiones se contradicen, y que cuando los agregás resultan en algo que no tiene nada que ver con lo que es una estrategia de desarrollo.

¿Por ejemplo?

Bueno, tenés al Ministerio de Energía que plantea como objetivo recuperar la rentabilidad de las empresas de servicios públicos, no el de desarrollar una política energética que le dé al país los insumos necesarios para poder establecer una estructura productiva que sea inclusiva, dinámica y consistente. Y por otro lado tenés al Banco Central cuyo único objetivo es bajar la inflación, en lugar de contribuir a un plan macroeconómico integral que sea capaz de reducir todos los desequilibrios. Y así podría seguir con otros ministerios y secretarías.

¿Y eso qué efectos en la economía genera?

Que la política de reajustes de tarifas termina siendo inconsistente con el objetivo del BCRA. Que las metas de inflación del BCRA terminan siendo inconsistentes con la estrategia de reducción gradual del déficit y te terminan generando una vulnerabilidad externa que resulta en una crisis cambiaria y deja expuesto al gobierno endeudado en moneda extranjera. Que se ve a la apertura comercial como un fin en sí mismo y la secretaría de comercio negocia acuerdos comerciales inconsistentes con los objetivos de proteger y generar trabajo, y en particular de no dañar a sectores de la estructura demográfica que están menos preparados para lidiar con los cambios que presentan la revolución tecnológica-digital que el mundo está experimentando, y que son acuerdos que ni siquiera está claro que vayan a aumentar en modo alguno la productividad. Que te integrás financieramente al mundo de una forma que desprotege a la población, como lo es el hecho de haberse endeudado bajo la ley de Nueva York, y más recientemente haber acudido al FMI. Cuidado, la integración puede tener mucho valor, pero hay que hacerla de forma inteligente, viéndola como un medio, evaluando cómo cada decisión de integración afecta a los objetivos de inclusión, dinamismo y consistencia.

También observo una elección de prioridades inadecuada a los efectos de los objetivos que planteo, como la de hacer recaer parte del ajuste en términos reales en el presupuesto asignado a la investigación científica y al desarrollo tecnológico, lo que afecta a las posibilidades de crear conocimiento, de fomentar sociedades que aprenden, en un contexto global en el que al aprendizaje es el motor central del desarrollo, al mismo tiempo que se le quita retenciones a sectores con renta bajo la premisa de que así se generará confianza que atraerá inversiones.


Habías mencionado dos problemas en el enfoque de la política económica, ¿el segundo?

La política macroeconómica, que ha venido agravando los desequilibrios externos, poniendo al país en una situación de alta vulnerabilidad y dependencia de los mercados financieros internacionales que es nociva para el desarrollo. Este gobierno recibió una economía con desequilibrios macroeconómicos y sus políticas los agravaron. La política macro ha sido dominada por la visión del Banco Central y su esquema de metas de inflación. El esquema no solo tuvo una efectividad muy inferior a la que se anunciaba desde el BCRA para reducir la inflación, sino que además agravó los desequilibrios externos. El esquema macro actual paso a paso nos está conduciendo a un problema de endeudamiento insostenible.

¿Hay muchos gobiernos en el mundo que tienen este enfoque similar al de Macri? Si hay algunos casos, ¿cómo les va?

Hasta donde sé, no hay casos en los que se haya establecido un esquema de metas de inflación usando a la tasa de interés como instrumento en condiciones como las que prevalecían en Argentina en marzo de 2016, cuando se adoptó ese esquema. Otros países que lograron estabilizar procesos inflacionarios en la región, como Chile y Colombia en la década de 1990, tuvieron la posibilidad de apreciar el tipo de cambio real mientras lidiaban con el objetivo de reducir la inflación. Pero en Argentina la situación era distinta. A diferencia de esos casos, en Argentina se necesitaba lograr una depreciación del tipo de cambio real para evitar profundizar los desequilibrios externos.

¿Qué otras opciones habían frente a ese panorama que había recibido el gobierno?

Para resolver una inflación moderada como la que vive Argentina es necesario modificar comportamientos colectivos que le dan persistencia a la dinámica inflacionaria, que no se modifican simplemente manejando la tasa de interés.

¿Hubo errores en el diagnóstico sobre el estado de la economía?

El BCRA cometió errores de diagnóstico notorios, producto de una visión excesivamente simplista sobre el proceso inflacionario argentino. Así fue que subestimó el impacto inflacionario de la devaluación de 2015 y el de los aumentos de las tarifas de los servicios públicos. El anterior presidente del BCRA llegó a decir que los aumentos de tarifas iban a generar una reducción de la inflación por el hecho de que el ingreso disponible iba a caer y por lo tanto la demanda por el resto de los bienes y servicios iba a caer. Y puso una carga demasiado grande en un instrumento, la tasa de interés, que lo que hace es afectar precios relativos, pero no asegura la estabilización en términos nominales. Esquemas de metas de inflación como el que aplicó el BCRA en 2016 generalmente se aplican a economías que ya están transitando un sendero estable, bien distinto del escenario de transición que estaba (y que continúa) prevaleciendo en Argentina. En un artículo reciente, el economista argentino Guillermo Calvo se refirió a la capacidad de un esquema de metas de inflación basado en la tasa de interés para domar inflaciones crónicas de una forma tan decorosa como acertada, explicando que es como querer “cortar una cabeza de Hidra con un cuchillo suizo”. 

EL FONDO MONETARIO INTERNACIONAL

Como parte de sus investigaciones, Martín Guzmán ha publicado artículos sobre el rol del Fondo Monetario Internacional en el mundo. En ese sentido, asegura que los cambios que pudieron haberse producido en la institución tienen que ver con las transformaciones a nivel geopolítico. “El fondo no se ´volvió bueno´, no funcionan así las cosas: lo que ocurrió fue que cambió la distribución del poder político en el mundo”, asegura.

¿Cómo ves el rol del FMI en este momento en el mundo? ¿Hay alguna diferencia con cómo se manejaba en la década pasada, en los 90 y en los 80?

Para entender los cambios que se van dando en las posiciones y accionar del FMI, hay que entender cómo la evolución de los equilibrios geopolíticos va influyendo en la distribución de poder en el organismo. La década de 1980 marcó un giro del FMI hacia la promoción activa de una mayor liberalización financiera. En los 90 se afianza ese modelo, que no es solo empujado por el FMI sino también por las otras instituciones con profunda influencia global con base en Washington DC, como el Banco Mundial y el Tesoro de Estados Unidos. En esa década el FMI llegó promover reformas de los artículos originales que formaron parte del acuerdo que le dio nacimiento a los fines de profundizar ese esquema de liberalización financiera a escala global. El experimento culminó de forma desastrosa. No solo condujo a muchas crisis, sino que el enfoque para lidiar con esas crisis incluyó condicionalidades que las agravó, lo que generó consecuencias sociales nefastas, y un fuerte rechazo hacia esa institución en los países que sufrieron las consecuencias.

¿Y a partir de los 2000?

En los años que procedieron a la crisis asiática y a la crisis argentina de 2001 se dieron ciertos cambios en la posición del FMI. Hubo un reconocimiento de que la liberalización plena de las relaciones de capital no era una política deseable, y se pasó a apoyar ciertos controles de capitales para evitar los episodios de inestabilidad financiera que se habían experimentado en década previa.

¿El Fondo se volvió “bueno”?

No, las cosas no funcionan así. Esta no es una historia de buenos y malos sino de quién tiene el poder y qué intereses busca avanzar con ese poder. El cambio del FMI tuvo mucho que ver con los cambios que se dan a nivel geopolítico. Lo que ocurrió fue que cambió la distribución del poder político en el mundo, y eso tuvo su consecuencia en la composición del Comité Ejecutivo del FMI, lo que a su vez redundó en negociaciones dentro del FMI con resultados diferentes que lo que era usual en las dos décadas. No es lo mismo para nuestra región un FMI en el que la silla en el directorio que ocupa Brasil la tenga alguien que represente un gobierno de Lula o Rousseff, que quien represente al gobierno de Temer. Y si a eso le sumás cierto alineamiento con la silla en representación del Cono Sur, esas diferencias se refuerzan.

¿Y esos cambios geopolíticos cuáles son?

Lo que pasa en el mundo de hoy es que los equilibrios geopolíticos han vuelto a cambiar, y esto se vuelve a notar en las posiciones que van tomando las instituciones de Washington. Lo que estamos viendo es un incremento gradual de las presiones en pos de tener una globalización financiera más liberalizada. Las instituciones de Washington siguen reflejando fundamentalmente los intereses, visiones e ideologías dominantes de Estados Unidos y de los países poderosos de Europa, y el contrapeso por parte del mundo menos desarrollado, y en particular de América del Sur, es menor hoy que en la década anterior.


¿Los conflictos comerciales que está protagonizando Estados Unidos en distintas regiones del mundo, tienen algún efecto en la situación de Argentina?

La forma en que se deberían mirar esos conflictos es extrayendo información sobre las tendencias que marcan en cuanto a la evolución del comercio internacional. Lo que se está viendo es un menor aprecio por el multilateralismo y un mayor énfasis en acuerdos bilaterales, con posiciones más proteccionistas, algo esperable en una economía mundial que aún no está firme, y que va a tardar en volver a estar firme con la resaca que le queda del experimento de quantitative easing que se siguió a escala global para lidiar con la crisis de 2008.

Ese es un mundo que hay que entender para pensar en una integración comercial inteligente, como un medio que ayude a perseguir los objetivos del desarrollo. En Argentina no se está viendo hoy una articulación clara del sentido de los acuerdos comerciales que se están buscando, como el acuerdo Mercosur - Unión Europea que empuja nuestro país. ¿Qué se busca con ese acuerdo? ¿Cómo va a ayudar a los objetivos del desarrollo?

Esta falta de una visión del desarrollo y por ende la falta un planteamiento de políticas de integración alineado con un proyecto bien articulado no es solamente un problema argentino, es un problema regional. Lo que está pasando en Brasil tiene mucho que ver con esto.

LA REGIÓN Y EL MUNDO

¿Qué está pasando a tu entender en Sudamérica? ¿Por qué no tiene las mismas tasas de crecimiento que hace algunos años? ¿Es un problema sólo del precio de las materias primas?

Cada caso es diferente, pero hay un tema general: la región no logró alcanzar estructuras productivas más diversificadas durante el período de precios altos de los commodities. Se siguen teniendo entonces estructuras productivas que conjugan un bajo crecimiento de la productividad con una alta dependencia de los precios de los commodities y con exclusión social.

Ha habido casos en los que las políticas domésticas no se adaptaron a las circunstancias económicas cambiantes, y eso dañó la competitividad, quitándole continuidad a procesos que venían por un buen camino, como ocurrió en Argentina a partir de 2011.  No es lo mismo crecer en un mundo en donde lo que falta es demanda que en otro en el que las restricciones de oferta en sectores esenciales, como por ejemplo el energético, aprietan. Se requieren políticas distintas en un escenario y en otro. Claro que en el último escenario sigue habiendo sectores que requieren impulsos de la demanda para poder crecer, pues hay efectos de escala, pero no es que impulsar la demanda de forma agregada va a generar crecimiento sostenible en una situación así. El caso extremo de políticas fallidas en la región es Venezuela. Todos los demás casos, incluido el caso argentino, están muy lejos de aquel. El caso de Ecuador también es un caso especial, en el que la dolarización constituye una restricción mayúscula a la política macroeconómica, y también una restricción a las políticas de desarrollo.

¿Cómo podría a tu entender un país como la Argentina retomar un sendero de crecimiento sostenido?

Hay una condición cuyo cumplimiento será inescapable para poder sostener un sendero de crecimiento, que es la de que la producción de lo que se le vende al mundo crezca. Cuando el país crece, crece la demanda por importaciones. Ese camino solo se puede sostener si también aumenta lo que se le vende al mundo. Si no se da eso, lo que termina pasando es que el equilibrio se alcanza vía contracciones de las importaciones, que se dan de forma costosa: cuando deja de haber financiamiento externo o reservas externas para financiar los déficits externos el tipo de cambio se deprecia, el salario real cae, y así se contrae la demanda por importaciones. Cuando eso pasa también se contrae el nivel de actividad, ya que la actividad en el sector no transable cae cuando cae la demanda.

De modo que para empezar a responder tu pregunta debemos ser capaces de responder cómo se puede lograr ese aumento necesario de las exportaciones. Al comienzo del gobierno de Macri, la expectativa era que ese crecimiento de las exportaciones se daría como consecuencia de la mayor inversión que habría en el sector transable dentro de un nuevo esquema de reglas. Ya sabemos que eso no ocurrió. Y va a ser difícil que esa recuperación de las exportaciones se dé rápidamente, este mismo año o el próximo, porque volverse más competitivos en la producción de bienes transables no es algo que se pueda hacer de un día para otro.
¿Qué papel juega la posibilidad de ordenar - o no - la macroeconomía en ese sentido?
Tener una macro ordenada es condición necesaria pero no suficiente para el desarrollo. En este sentido, un tipo de cambio real más competitivo acompañado de una percepción de estabilidad ayuda porque le da mejores condiciones a los sectores transables, pero la respuesta de la oferta de exportables a las variaciones en el tipo de cambio real no es inmediata, y depende de varios otros factores que el mercado no resuelve por sí solo. Mientras que una macro prolija ayuda, el despegue lo tiene que generar la micro.

¿Y el papel del Estado en ese proceso dónde lo ves?

Tiene un rol fundamental en poder direccionar recursos a sectores que tienen altos derrames de productividad y en proveer los bienes públicos necesarios para que esos sectores tengan condiciones aptas para desarrollarse. Lo primero es lo que históricamente ha recibido el nombre de políticas industriales, que en la actualidad se las tiende a llamar políticas productivas. Para poder transitar un sendero de desarrollo exitoso, se necesita que la sociedad sea capaz de generar conocimiento, retenerlo, y aplicarlo a la producción. Así como también que tenga capacidad de generar energía. Y la sociedad incluye no solo al sector privado sino también al sector público, que también tiene que aprender, que tiene que volverse cada vez más capaz.

¿Qué significa que sea más capaz?

Parte del aprendizaje social necesario consiste en lograr que las acciones del sector público tengan beneficios que sean públicos, en lugar de que haya una captura que concentre los beneficios de las acciones en unos pocos. Que esas acciones resulten en una economía de mercado que funciona mejor. A la sociedad argentina aún le queda mucho camino por recorrer para lograr eso. Hay un círculo vicioso difícil de romper cuando la provisión de la información está demasiado concentrada. La falta de un debate social profundo sobre las implicancias de la fusión entre Cablevisión y Telecom que se está llevando a cabo es un ejemplo de ello.

¿Y para que se produzcan esos procesos de aprendizaje qué hace falta?

Es fundamental que tengan continuidad. Se necesita que haya políticas que sean de Estado más que de gobierno, y en sociedades polarizadas esto es difícil de lograr. Y generar capacidad de aprender también requiere de inclusión. Procesos económicos que dejan a segmentos masivos de la población fuera del sistema y que exponen a mucha gente a condiciones de alta vulnerabilidad social atentan no solo contra el desarrollo social, sino también contra el crecimiento económico en plazos medianos y largos.

Otro factor fundamental es la escala de los mercados a los que se accede al mismo tiempo que se protegen a los sectores menos preparados durante la transición para enfrentar la competencia global. Por eso lo que pasa en Brasil es tan importante para Argentina. En un contexto de cambios en los modos de producción como los que se están viviendo en el mundo y considerando que Argentina está tan lejos de la frontera en los sectores en donde hay mayor potencial de crecimiento de la productividad, será muy difícil poder implementar una estrategia de desarrollo virtuosa si no hay un alineamiento estratégico entre los países de la región. Otra razón por la que este alineamiento importa es para poder alcanzar como bloque una mayor influencia geopolítica que le dé a la región mejores perspectivas de integración.

La tarea que le queda a Argentina es armar un rompecabezas del desarrollo que es complicado, cuyas piezas tienen que encajar en una estructura demográfica, educativa y de recursos y en una posición geográfica que no son ni la australiana ni la chilena ni la de ningún otro país, son las nuestras, y como tal requieren de una estrategia adaptada a nuestras idiosincrasias.
 


Nuevo imputado en investigación Nisman por lavado de dinero

Por Sergio Farella*. La investigación por lavado de dinero que involucra a la mamá y la hermana del fallecido fiscal Alberto Nisman y al empleado informático Diego Lagomarsino, sumó un personaje clave.

Se trata de Claudio Picón, de la empresa Palermopack, titular del AUDI Q3 que utilizaba Nisman, el cual se vio en la cochera de Le Parc aquel el 18 de enero en que el fiscal fue encontrado muerto, y que ahora quedó incautado bajo la investigación por lavado de dinero.

El entramado que une a Picón con los Nisman -sospechan en tribunales- podría develar la presencia de otras personas vinculadas a grupos económicos y de fuerte lobby político, tal cual informaron fuentes judiciales a NA.

Picón apareció en escena cuando reclamó a la fiscal Viviana Fein, quien investiga la muerte de Nisman, la devolución del vehículo de alta gama.

Según el empresario volcó por escrito ante la Justicia, conoció a Nisman en 1990 por amigos en común y hace cuatro años el fiscal le pidió ayuda para hacer ingresar a sus hijas al colegio Northlands, establecimiento al que asistía su hija.

Picón dijo que en 2012 le prestó a Nisman un "jeep Wrangler" y al año siguiente el Audi Q3, el cual había sido adquirido por la empresa Palermopack S.A.

Pero la relación entre Nisman y Picón no está dada sólo por el vehículo, pues en un operativo realizado hace pocos días por orden del juez federal Rodolfo Canicoba Corral en casa de Sara Garfunkel, mamá del fallecido fiscal, se dio con un cheque que llamó la atención de los investigadores.

En el operativo Sara Garfunel aportó un cheque del año 2012 en donde por medio del Bank of American se hacía un cheque al portador a nombre de Nisman, y el mismo tenía impreso el nombre de Picon.

Asimismo, la relación entre Picón y Nisman está dada porque el primero aparecía en una operación llevada a cabo en un fideicomiso a cargo de Sara Garfunkel, denominado Dorrego 1771.

En las últimas semanas, y mientras la causa estuvo bajo secreto de sumario, el fiscal Juan Pedro Zoni y Canicoba Corral avanzaron en dirección hacia Pico quien ya designó a abogado defensor, el prestigioso penalista Alejandro Nokav con quien NA intentó comunicarse pero se encuentra en el exterior.

Las últimas medidas ordenadas fueron la realización de escuchas telefónicas sobre la familia de Nisman y Lagomarsino; y pedir a la Dirección General de Registro Automotor los vehículos registrados a nombre del fallecido fiscal, y de la empresa Palermo Pack, entre otras.

Mientras tanto, Canicoba Corral acaba de librar otro exhorto a los Estados Unidos, en el que reclama a un organismo anti lavado de ese país, autorización para judicializar documentación clasificada de secreta sobre la supuesta cuenta de Nisman en el banco Merril Lynch de Nueva York.

(Acreditado de NA en Tribunales )
 
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